(Alex y Nadia están
sentados el embarcadero. Es de noche. Nadia le da una cestita)
Nadia: Guárdalos,
Jaguar. Son muy valiosos, son los diamantes más grandes del mundo.
Alex:
(Tartamudeando) ¿Éstos son diamantes?
Nadia: Sí.
Pertenecen a la gente de la neblina. Según la visión que tuve, estos huevos
pueden salvar a esos indios y el bosque donde han vivido siempre.
Alex: ¿Por qué me
los das?
Nadia: Porque tú
fuiste nombrado jefe para negociar con los nahab. Los diamantes te servirán
para el trueque.
Alex: ¡Ay, Nadia!
No soy más que un mocoso de quince a los, no tengo ningún poder en el mundo, no
puedo negociar con nadie y menos hacerme cargo de esta fortuna.
Nadia: Cuando
llegues a tu país se los das a tu abuela. Seguro que ella sabrá que hacer con
ellos. (Hizo una pequeña pausa) Tu abuela parece una señora muy poderosa, ella
puede ayudar a los indios.
Alex: Parecen
pedazos de vidrio. ¿Cómo sabes que son diamantes?
Nadia: Se los
mostré a mi papá, él los reconoció a la primera mirada. Pero nadie más debe saberlo
hasta que estén en un lugar seguro, o se los robaran, ¿entiendes, Jaguar?
Alex: Entiendo.
¿Los ha visto el profesor Leblanc?
Nadia: No, sólo
tú, mi papá y yo. Si se enterara el profesor saldrá corriendo a contárselo a
medio mundo.
Alex: (Sonríe. Y
se queda callado) Tu papá es un hombre muy honesto, cualquier otro se habría
quedado con los diamantes.
Nadia: ¿Lo harías
tú?
Alex: ¡No!
Nadia: Tampoco lo
haría mi papá. No quiso tocarlos, dijo que traen mala suerte,que la gente mata
por estas piedras.
Alex: (Mientras
toma el peso de los huevos) ¿Y cómo voy a pasarlos por la aduana en los Estados
Unidos?
Nadia: En un
bolsillo. Si alguien os ve, pensará: son artesanía del Amazonas para turistas.
Nadie sospecha que existen diamantes de este tamaño y menos en poder de un
chiquillo con media cabeza afeitada.
(Largo silencio)
Alex: A mi abuela
la han encargado escribir otro reportaje para el International Geographic.
Tiene que ir al Reino del Dragon de Oro.
Nadia: Eso suena
tan interesante como el Ojo del Mundo. ¿Dónde queda?
Alex: En las
montañas del Himalaya. Me gustaría ir con ella, pero…
(Largo silencio)
Alex: ¿Volveré a
verte?
Nadia: (Intentando
ocultar la tristeza) ¡Claro que sí!
Alex: Nos
escribiremos, ¿verdad?
Nadia: El correo
por estos lados no es muy bueno que digamos…
Alex: No importa,
aunque las cartas se demoren, te voy a escribir. Lo más importante de este
viaje para mí es habernos conocido. (Con voz quebrada) Nunca, nunca te
olvidaré, siempre serás mi mejor amiga.
Nadia: Y tú mi
mejor amigo, mientras podamos vernos con el corazón.
Alex: Hasta la
vista, Águila…

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